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La inteligencia emocional de los elefantes.

En los mamíferos, muy probablemente la empatía se originó en el contexto de las relaciones que se establecen entre una madre y su descendencia. La madre o ambos padres, dependiendo de la especie, deben adaptar sus cuidados para aumentar las probabilidades de supervivencia del recién nacido.

Gracias a varias investigaciones sabemos que los grandes simios, delfines, ballenas y elefantes poseen una intensa vida emocional. De hecho, cuando se les ha podido tomar imágenes de su cerebro se ha detectado un gran hipocampo, un área del cerebro relacionado con las emociones y la memoria. La frase “tienes memoria de elefante” no es una leyenda.

Los elefantes pertenecen a una de las pocas especies donde la existencia de estrés post traumático ha sido aceptado. Suelen sufrirlo jóvenes  que han visto a sus madres morir a manos de cazadores sin escrúpulos. Las consecuencias son una mayor agresividad, nerviosismo y dificultad para establecer vínculos.

Los casos de auxilio y ayuda también nos dejan con la boca abierta. Cuando uno de ellos desfallece, otros elefantes se acercan para tratar de levantarlo. Rodean al enfermo y lo intentan levantar. Si no lo consiguen, detienen su viaje y se quedan varios días cuidando y esperando a que retome fuerzas.

Los elefantes también “honran” a sus muertos. Cuando se encuentran con huesos de familiares y antepasados llevan a cabo comportamientos insólitos. Los acarician y hacen guardia. A veces forman un círculo defensivo en el que los restos quedan en el interior.

Hasta la capacidad de venganza, algo tan humano, está presente en ellos también. De hecho, las personas somos su peor enemigo y objetivo de su ira. En estos conflictos entre elefantes y humanos han muerto más de mil personas por ataques de paquidermos. A su vez, también han sido asesinados miles de elefantes a manos de humanos ansiosos de venganza. Esta desafortunada espiral de violencia puede tener entre sus causas el rápido deterioro que la jungla y las consecuencias tan devastadoras que ésta tiene para los elefantes. Pero también se han vengado de adiestradores que los tratan agresivamente.

Por Pablo Herreros: http://www.elmundo.es

 

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